Hoyuelos en la Luna
Afirman, quienes pretenden engañar al mundo, que cada uno de los huecos que vemos sobre la Luna cada vez que esta está luminosa y en todo su esplendor no son más que cráteres producidos por el impacto de grandes rocas voladoras. Lejos está esto de la realidad.
Estos hombres, cuya función es crear teorías engañosas con el ánimo de opacar las sonrisas, han trabajado a lo largo de los años haciendo creer a la humanidad cosas tales como que la Tierra gira de dos simples maneras; que las estrellas aparecen y desaparecen por luminosidad terrestre o, lo más insólito: que el viento es producido por un sistema denominado “presión atmosférica”.
Ocultos en sus catacumbas, y respirando eternamente gracias a la dosis diaria de un secreto elixir, organizan reuniones todas las noches pensando cómo calmar las mentes de aquellos que se atreven a pensar, esos mismos que ellos hacen creer que son ilusos que tienen “sueños despiertos”.
Estos oscuros personajes no están solos. Son apoyados por fieles representantes terrestres llamados “científicos”, “investigadores” y otros seres similares. Anualmente se reúnen en coloquios que no se dan a publicidad y en donde deciden qué nuevas teorías inventarán para abolir los pensamientos reales, esos mismos que ahora todos llaman “sueños”.
Pero su tarea no es tan simple. En la vereda contraria, dispuestos a dar batalla, hay una raza de señores de pensamiento pulcro que creen en hechos más románticos, más bellos y, comprobado está, más reales. Suelen llevar una sonrisa, aunque se permiten estar tristes a veces; se ocultan en los bosques por temor a ser atacados; se visten de blanco; se alimentan de pétalos y beben rocío cada mañana para refrescar el cuerpo.
Al igual que sus adversarios tienen sus representantes en la Tierra. Algunos de estos colaboradores terrenales son conocidos como escritores; poetas; artistas y, principalmente, animales. La espaciosa inteligencia de estos seres les ha permitido servirse de colaboradores secretos que circulan por las calles para sembrar pensamientos en parques y habitaciones.
Estos silenciosos seres han sido víctimas, en el último siglo, de un vuelco del mundo que se aferra en creer en teorías científicas y se niega a soñar. Han tenido que duplicar sus esfuerzos no sólo ya para imponer la verdad sobre el mundo, sino para conseguir más personas que contribuyan con una causa tan noble como es el triunfo de la verdad sobre las teorías científicas.
Nunca, como en los últimos doscientos o trescientos años la batalla entre ambas facciones había sido tan despareja. Y nunca, a los hombres pulcros de los bosques, les había resultado tan difícil explicar algo tan simple como que los huecos que se observan en la Luna no son cráteres producidos por rocas voladoras.
Ellos, al igual que muchos de nosotros, saben que esos huecos han sido cavados con esfuerzo y pasión por habitantes que saltan de estrella en estrella. Cada noche en que la Luna está llena los apasionados dejan cartelitos y recados para que cuando ella gire, pueda llegar a los confines del mundo y ser tomados por quienes esperan impaciente ese arribo. Pero, más intrépidos, se sabe de personas que se han atrevido a subirse a la majestuosa Diana y se acurrucan en esos agujeros para dar la vuelta al mundo y bajarse donde los esperan.
Dicen, los hombres pulcros de los bosques que si se observa detenidamente hacia los hoyuelos se puede ver a las personas sonrientes y arropadas en su propio cuerpo.
af
