La muerte de Jasper Newton
“Era cinco a la derecha… seis a la izquierda. No, no, no… era siete a la izquierda, cinco a la derecha…”
- Lem, Lem – gritó con una energía que fundamentó su rostro purpúreo cargado de protuberancias venosas en la frente
- ¿Llamó el señor? – preguntó el fiel Lem Motlow
- Claro que llamé, sino no estarías aquí. Imbécil.
- ¿Qué se le ofrece?
- ¿Cuál es la combinación de esta caja de mierda?
- Lo desconozco, señor. Esa información nadie más que usted lo sabe, sin embargo le recuerdo que he propuesto…
- Cállate. No me sirves.
- ¿Necesita algo más?
- Que me consigas un asistente que te reemplace y, por favor, que no sea como tu.
Solamente Jasper Newton y su asistente estaban en la destilería a esas horas de la mañana. No había a quien recurrir. La efervescencia no disminuía en la sangre del malhumorado empresario.
Desde los pasillos vacíos se escuchaban improperios y ruidos de la caja fuerte siendo zamarreada hasta que un grito anunció el final de la pelea despareja. El asistente corrió hacia la oficina de su jefe. Newton estaba sentado en el sillón de visitas, el zapato estrujado en el piso, el dedo gordo del pie ensangrentado y el rostro de dolor no invitaban a grandes comentarios.
- Llamaré a un médico de inmediato – se apresuró a decir Lem
- Búscame un asistente he dicho. No quiero un médico. Los médicos no sirven sino para robar mi dinero.
Lem, sobrino de quien a esas alturas ya era conocido como Jack Daniels, lo dejó en silencio esperando que se calme antes de llamar a un médico.
Daniels siguió con su dedo lastimado y poco hizo para curárselo. La sangre se hizo infección, la infección fiebre; reposo; dolores; reclamos y final.
Sin arrepentirse de patear una caja fuerte, a los 61 años, Jasper Newton murió.